Estoy convencido de que el porvenir de México encuentra sus fundamentos en los actos de heroicidad anónima que realizamos los ciudadanos día a día. Los padres que procuran el bienestar de sus hijos; los niños que asisten a la escuela; los jóvenes que defienden sus argumentos con entusiasmo; laicos y religiosos que respetan la diversidad cultural de nuestra sociedad; académicos que promueven el libre intercambio de ideas. Somos nosotros, los ciudadanos, los protagonistas de la historia de nuestro país.
No pienso que una sola persona -nadie en particular- pueda cambiar radicalmente el rumbo de una nación. No obstante, al Presidente López Obrador le deseo el mayor de los éxitos en su nueva encomienda. Que el Creador le otorgue sabiduría para que dirija la Administración Pública con eficiencia. Que la sabiduría de nuestros ancestros lo ilumine para gobernar al amparo de las instituciones que salvaguardan la democracia.
Somos nosotros con nuestro trabajo, dedicación y esfuerzo los que fortalecemos a México. Comienza un nuevo sexenio, que sea el inicio de una etapa de expansión y equilibrio. Sigamos elevando el nombre de esta gran nación.
